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Tolerancia.


Es la virtud democracia por excelencia. Tolerar es, por supue
sto, aprender a convivir con lo diferente, lo que no quiere decir que tolerar sea aceptar lo intolerable, encubrir lo injusto, ni disfrazar las agresiones o fingir que “no pasa nada”. No se trata de hacer el juego, simulado aceptar lo que no es ajeno. No se trata de hipocresía, ni siquiera de una cortesía “civilizada”, sino de la construcción de un espacio con límites y reglas para que las diferencias participen. Todos somos, todos cabemos, fue un lema que logro hacer pensar algunas posiciones para la construcción real de una democracia. Todos somos y por eso todos cabemos. El hecho de ser debería bastar para ser tomados en cuenta. Así, ocuparse de la persona más silenciosa, atender las dificultades.
Desafortunadamente, la falta de tolerancia que vemos en las escuelas ha producido no solo intolerantes en campo de lo moral, sino también intolerantes cognoscitivos.
Existe quienes no pueden escuchar a alguien que difiere de sus opiniones. El mundo se va despoblando para ellos, sólo quedan los que piensan como ellos, es decir, casi nadie. La tolerancia no se da mágicamente, no es un producto humano espontáneo: si no nos acostumbramos desde pequeños a ser tolerantes durante el proceso del aprendizaje, a dar buenas razones para sostener nuestras opiniones, a respetar al otro, a poder construir un pensamiento propio, a partir de las ideas de los demás.
Aprender a vivir de manera tolerante no significa eliminar el multiculturalismo ni el universo particular de valores de cada persona, si no aceptar y apreciar estos valores que enriquecen a la comunidad escolar en lo profesional y personal.
La tolerancia es un trabajo continuo, un reconocimiento que cada uno se enriquece de la diferencia, es hacer un esfuerzo por convivir con los demás.
La escuela es un ámbito privilegiado para aprender a ejercitar la escucha del otro, el comprender sus razones, modificar los propios puntos de vista y descubrir las habilidades necesarias para la convivencia.

“La educación no es una actividad que se dé al margen de los conflictos y las contradicciones sociales”